
Oricios es la palabra con la que se conocen vulgarmente los erizos de mar en el Principado de Asturias. Animal de apariencia extraña y discutible estética, en su interior alberga un delicioso manjar que tan sólo los más atrevidos se atreven a probar sin un libro de instrucciones.
Abundantes en las costas de nuestro querido Cantábrico, es en la parte norte de las costas catalanas en las que este alimento adquiere fama internacional preparado en platos que salen de cocinas tan exquisitas como el Bulli o el Dorado Petit.
En Asturias, nuestro oricio autóctono toma tintes locales con aire de grandeza, rezando en muchas etiquetas y carteles aquello de “El caviar del Cantábrico”. Mientras que gallegos, cantabros, vascos o franceses reducen este pequeño animal espinoso a alimento de pulpos, en chigres y sidrerías de la España iniciática y conquistadora es tapa ideal que acompaña a la sidra bien escanciada.
Para aquellos que no lo han probado y se sientan por primera vez frente a este “bello” animal, una vez superadas la repulsa que puede ofrecernos su aspecto encontraremos que en nuestro paladar se mezclan como con ningún otro alimento sabores a mar, a yodo, a olas …
Convencidos de su grandiosidad a la hora de hablar de gastronomía, fuera de Asturias podemos encontrar oricios en conservas que emulan con suficiencia este plato que, perfectamente servido, bien merece tomar uno de los vuelos baratos a las tierras que adoran a la Santina, a Don Pelayo y a la manzana que proporciona la deliciosa sidra escanciada.

















Los oricios, naturales, se comen (y se venden) los meses que llevan “r” Desde septiembre hasta abril!